lunes, octubre 02, 2006

Pequeño ensayo evolutivo contra el creacionismo

Muchos de los críticos de la evolución ni siquiera saben con precisión qué es ésta exactamente, o que existen pruebas absolutas que avalan la veracidad de este proceso biológico al que no escapa absolutamente ninguna especie.

Aquel que se mantiene en una posición neutral adopta una postura prudente al no contar con la suficiente información. El que se opone a ella o bien demuestra su ignorancia más supina o miente descaradamente. En ambos últimos casos el móvil de la crítica es el pensamiento religioso, de la índole que sea.

Hay varias cuestiones que los antievolucionistas plantean en su pretendida defensa. La más significativa es la de las pruebas. “¿Alguien puede acudir a un museo y verlas?. ¿Dónde están?. ¿Alguien observó la evolución en directo?”. La respuesta a estas preguntas es clara, concisa y reveladora. Parte del registro fósil pone en relieve diversas etapas de determinados seres vivos, aunque existen tantas especies y más aún extinguidas que obtener un catálogo completo es tarea imposible e impensable. Veamos algunos ejemplos de entre los más citados.

El registro fósil
En primer lugar, el registro fósil mantiene bien localizadas algunas pruebas, muy relevantes, de la evolución. Entre los mamíferos con pezuña y dedos pares o impares encontramos a los artiodáctilos, “dedo (dactylo) par (artios)”, y a los perisodáctilos “dedo (dactylo) impar (periso)”. En este último grupo encontramos por ejemplo al caballo. Se puede seguir su registro fósil casi por completo, con prácticamente todos sus estadios evolutivos pues, hasta el período eoceno hace unos 56 millones de años. Entre sus primeros representantes encontramos a un animal similar al perro, que fue paulatinamente reduciendo a través del tiempo el número de dedos y alargando sus extremidades y cuello. Y no sólo podemos hablar del registro fósil en lo que respecta al caballo, sino en general al resto de los perisodáctilos (rinocerontes, tapires y caballos). Gracias a la paleontología y la geología se ha podido relacionar sin fisuras la interconexión entre el ecosistema temporal de estos seres y su especialización biológica. Inicialmente, un mayor número de dedos y su menor tamaño les era favorable para pastar hojas tiernas en zonas boscosas de piso blando; modificaciones evolutivas posteriores coincidían igualmente con las nuevas formas más robustas que iban acompañadas de paisajes más abiertos, vegetación más pesada y dura y suelo más firme.

Incluso se observa, actualmente, un retorno a formas anteriores en determinados grupos de ellos. Aunque el concepto de retorno o regresión es subjetivo, absolutamente relativo y obedece a motivaciones de clasificación exclusivamente humanas, nos sirve para comprobar que la evolución de las especies no sigue una línea recta y que la evolución no puede entenderse desde un punto de vista antropocéntrico. Ni la superior inteligencia ni determinadas habilidades físicas son completamente determinantes en la adaptación de las especies. En ocasiones pequeños cambios o adaptaciones parciales son suficientes para promover la supervivencia y extensión de una especie. Evolutivamente, pues, el hombre no está necesariamente por encima del resto de organismos vivos de la tierra. El concepto de perfección es altamente subjetivo e inequívocamente humano.

El registro fósil provee además de información fundamental adicional para la comprensión de la evolución de las especies. Otros seres vivos plantean serias pruebas a su favor, como por ejemplo en los claros casos de determinadas ballenas y serpientes que mantienen en su esqueleto vestigios de épocas pasadas. Dos especimenes adecuados para su estudio demostrarían sin ningún género de dudas que en un pasado lejano caminaron sobre la tierra. Las ballenas, por su parte, pertenecieron a la orden de los artiodáctilos y se ha demostrado que genéticamente guardan un ancestro común con los hipopótamos. Restos óseos de patas traseras y la configuración única de su oído, de la que han sido motivo de análisis varios estadios evolutivos a través del tiempo y que sirvieron en su adaptación al nuevo entorno acuático, así como su clasificación de mamíferos los emparentan de forma innegable. Por su parte, las primeras serpientes tenían patas y escarbaban en el suelo. Aún hoy podemos encontrar pitones cuyo endoesqueleto no se ha desecho del todo de las extremidades posteriores.

Estas pruebas son por lo tanto innegables, y no es admisible una crítica a lo incompleto del registro fósil. No es tolerable la opinión de que tan sólo algunos seres vivos pudieron experimentar ciertos cambios, pero que la evolución no sea general y absoluta para todas las especies, mientras día a día todos y cada uno de los restos que se encuentran y estudian, y pasan a integrar el registro fósil, presentan esta característica. Es por ello que aún incompleto es prueba innegable y que no admite discusión, de la veracidad de la evolución, que hace tiempo que dejó de ser teoría para convertirse en un hecho palpable.

Cómo actúa la evolución. Ejemplo de los hermanos albinos.
Aunque generalmente se nos enseña que los animales se adaptan a su entorno, esta afirmación no es necesariamente aceptable y merece concisas reseñas al respecto. No existe un gen inteligente que modifique la cadena genética de cada especie con objeto de facilitarle su supervivencia en determinados entornos. La realidad es que estos cambios son prácticamente aleatorios y en la inmensa mayoría de los casos, negativos. Y siempre involuntarios.

En el proceso de replicación de la espiral del ácido desoxirribonucleico, las enzimas que realizan el trabajo cometen ciertos errores de identificación y situación de las copias. Al contrario de lo que puede oírse, la naturaleza no es perfecta, aunque también podría considerarse esta imperfección como su mayor virtud ya que sin ella un entorno medianamente hostil frenaría en seco las posibilidades de supervivencia de las especies y hoy nuestro planeta sería un terragal sin interés alguno.

En ocasiones estos errores de identificación y situación de las réplicas de una de las bandas del ADN (las enzimas correspondientes las separan en dos y duplican), producen mutaciones, es decir, que un número concreto de genes mal dispuestos ocasionan cambios de considerable apreciación. Algunos son insignificantes, otros agresivas y son sentencias de muerte para el individuo, y en otros casos y en un índice muy minoritario, positivos. El cambio negativo no prospera, el positivo sí, es por ello que lo que hoy tenemos sobre la tierra es el resultado de una cadena de cambios positivos. Ésta es la ley del más fuerte, ni más ni menos, aplicada con todo el rigor requerido.

Para entenderlo mejor supongamos un medio ambiente que debido a alteraciones geológicas pasa a ser hostil. Cualquier variable en este entorno influiría mucho en el resultado. Dos grupos de animales parecidos a leones viven plácidamente en grandes extensiones de sabana pero los efectos de una glaciación los obliga a acercar sus posiciones en la búsqueda del ya escaso alimento, bisontes que abrevan en una zona concreta más al sur donde el ascendente frío está acabando con las esperanzas de muchas especies. Las hembras cazadoras se ven obligadas a librar batallas con las enemigas del otro lado casi a diario. Sin embargo, dos años atrás una afortunada mutación ha afectado a dos crías (un macho y una hembra) de la manada de uno de los bandos. Los retoños son albinos (recordemos casos como éste en tigres y gorilas, en el Zoo de Jerez y Barcelona por ejemplo), un tamaño algo mayor y por lo tanto más fortaleza física. Soportan mejor el frío en la cada vez menor extensión de la sabana y al competir por el alimento su fortaleza física es vital. El macho pronto abandona su grupo y se enrola en otro lejano que tiene pocas esperanzas. Sus aptitudes le convierten en el líder en poco tiempo. La hembra por su parte, se queda y aparea con el macho dominante dando a luz mestizos de mayores aptitudes físicas que los existentes y mejor adaptación al clima. Ambos hermanos han triunfado en sus respectivos grupos; de entre los rivales del abrevadero algunos se integran y otros perecen por diversas causas derivadas de la nueva situación biológica y climática. La especie se difumina.

Un nuevo estadio evolutivo ha nacido. Leones albinos o semialbinos, más fuertes, mejor adaptados a un entorno que debido a esta mejora involuntaria del código genético ya no es tan hostil, son la prueba viviente de la evolución. Estas características, acompañadas de un leve agigantamiento, se unirán al registro fósil millones de años después. Debido a las mayores necesidades energéticas, la especie renovada toma rumbo al sur donde el alimento es más abundante. Las circunstancias les obligan a adoptar un estilo de vida nómada y en unas cuantas generaciones les separarán algunos miles de kilómetros. La evolución sigue su curso, pero ahora de forma separada y de estos dos grupos nacerán otros subgrupos más con marcadas diferencias debido a las inevitables mutaciones que sufrirán. Cuando seres inteligentes estudien millones de años después el registro fósil, entre ellos encontrarán tantas diferencias como hoy las encontramos nosotros entre un caballo y una cebra, o entre una cebra y un hipopótamo. Pero sus ancestros son comunes.

Evolución humana y catástrofes
Pensar de forma antropocéntrica puede hacernos caer en la errónea idea de que el mundo es como es porque tiene un objetivo claro, y éste es el paso previo a atribuir a fuerzas sobrenaturales el origen de la vida o la existencia de todas las cosas. No se trata de que el hecho de estar aquí sea extraordinario y por ello requiera una valoración espiritual, sino de que si estamos hablando de ello es porque hemos sobrevivido. ¿Por qué estamos aún aquí si todo funciona con esa aleatoriedad?. Simplemente, porque si no existiésemos no podríamos divagar sobre esta misma cuestión. Hacerlo es una consecuencia, no un motivo.

Probablemente en muchos otros lugares del inmenso cosmos no hayan tenido tanta suerte; en otros sí. Las grandes catástrofes ponen a prueba la rapidez y efectividad con que opera la evolución y la idoneidad de nuestro ecosistema vital. Un entorno geológicamente muy inestable no nos habría permitido determinadas licencias que hemos disfrutado en el pasado. No obstante, grandes extinciones las ha habido y las habrá siempre. Al fin de la última glaciación pereció una gran parte de las especies vivientes, aunque otras estaban mejor adaptadas y lograron sobrevivir. El hombre, entre ellas, pero otras variaciones genéticas homínidas no lo consiguieron en su pasado, como el Neandertal y otros en tiempos anteriores.

De hecho, nuestros antepasados directos están extinguidos. El erectus, el hábilis y otros no lograron sobrevivir en el tiempo seguramente porque las particularidades humanas no permitían la convivencia de varios estadios simultáneamente, o quizá porque las particularidades de algunos congéneres les hacía más aptos para procurarse seguridad y alimento. Están probadas las enormes dificultades que tuvimos en el pasado para continuar adelante. De hecho, algunos eventos clave fueron casi milagrosos, como la transformación en una especie bípeda. Nuevamente eventos geológicos propiciaron tal circunstancia, al ocurrir importantes cambios en la orografía del terreno africano. Las especies arborícolas se vieron forzadas a pasar al otro lado o quedarse aisladas. Y ese otro lado era distinto, sin predominancia de bosque, por lo que los que lograron levantarse para mirar a su alrededor sobre la vegetación de media altura prosperaron en mayor medida. Otras causas se suman a este importantísimo cambio, algunas de gran importancia.

Sin embargo, si un asteroide o cometa como los muchos que golpearon a la tierra a lo largo de su historia, hubiese caído en una zona concreta de África hoy no estaríamos aquí divagando acerca de esta cuestión. ¿Por qué existiendo esa posibilidad no nos tocó a nosotros?. Por dos cuestiones clave: la suerte y el tiempo.

En el primer caso, el planeta es relativamente grande y vivíamos en ubicaciones bastante concretas, en especial los núcleos de población mayores. En tiempos de nuestros ancestros bastantes astros golpearon el planeta pero hablamos de una cuestión estadística, de probabilidades.

El segundo caso responde a la innegable realidad de que el número de cuerpos en rumbo de colisión es mucho menor ahora que hace 100 millones de años. Un cuerpo masivo en la lejana etapa de acreción en el sistema solar casi destruyó la Tierra hace 3.800 millones de años, pero ese período de virulencia cósmica terminó hace mucho. Cada vez que un astro nos golpeaba, fuese un planeta, un cometa o un asteroide, las posibilidades de repetir catástrofe se reducían debido al descenso en el número de éstos. ¿Por qué no preguntarnos la razón por la cual el hombre no vivió hace 60 millones de años?. De haber sido posible por drásticos cambios en todo el sistema, evidentemente habría perecido como lo hicieron los dinosaurios y otras muchas especies en las extinciones masivas de la historia. Si estamos ahora aquí es porque el tiempo transcurrido ha reducido las posibilidades de impactos masivos o al menos significativos. Si hoy tuviésemos la desgracia de que ese hecho se produjese, quizá dentro de 50 millones de años otra criatura pensante se hiciese la misma pregunta: ¿por qué nosotros?.

Espiritualidad y filosofía
En ese caso, probablemente algunos de sus individuos se planteasen algún tipo de voluntad divina, que no les fue favorable a especies homínidas del pasado. La deidad reptil (¿por qué no?) habría seleccionado a los descendientes de los ofidios por alguna extraña razón.

Precisamente del desconocimiento o la obcecación religiosa nace la animadversión hacia la realidad que supone la evolución de las especies. Existe una lógica tendencia a atacarla desde estas posiciones, pero sus argumentaciones son extremadamente débiles aunque ideológicamente peligrosas para quienes no tienen una formación adecuada en la materia. Las pruebas y la lógica filosófica son caballo de batalla, solo que en sus manos implican ignorancia y poca amplitud de miras, respectivamente.

Sepan perdonar los errores de este ensayo.

10 Comments:

Blogger Juan Carlos Bujanda Benitez said...

"...la evolución de las especies no sigue una línea recta y que la evolución no puede entenderse desde un punto de vista antropocéntrico."

Esta parte de tu ensayo es la clave para que la teoria de la evolucion sea rechazada por las religiones, si explicaramos artificialmente la evolucion en un contexto antropocentico, quizas seria mejor aceptada como plan divino.

Pero es lo que es, no hay de otra.

Excelente ensayo Alulim.

7:41 p. m.  
Blogger Tokaidin said...

Gran ensayo y grandes verdades...realmente tras las posturas creacionistas de muchos se esconde una falta de conocimientos claros sobre el tema evolutivo. Eso les hace presa facil de los maximos defensores de esta pseudo-teoria.

Como dice Juan, quizas la mejor manera de hacer valer la teoria evolutiva sea apoyando a la "faccion" crecionista( porque tambien hay clases y clases entre ellos )que creen compatible sus ideas con la evolucion, pues la consideran "controlada" por una voluntad superior con objetivo de llegar a nosotros. La heramienta con la que ese supuesto Dios nos creo.

No creo en Dioses ni nada por el estilo, y la evolucion de "dirigida" tiene poco, visto los bandazos que pega y las extinciones habidas....pero mejor que crean en un teoria evolutiva "divina"que no en ese engendro que representa el creaccionismo en su vertiente mas cerrada

8:51 a. m.  
Blogger Alulim said...

Bueno, un paso es un paso. A veces olvidamos que cada cosa tiene su tiempo (o eso decía Job...). Recordemos que incluso los Copérnico, Galileo, Newton e incluso el mismísimo Einstein, describieron grandes verdades junto con una visión errónea en algunos de sus conceptos.

O como enseñamos a los niños a asemejar la estructura interna del átomo a la de un sistema solar, para facilitarle la comprensión. No hacerlo traería, en principio, un gran problema didáctico.

Media naranja es mejor que nada, en eso te doy toda la razón. Sería un buen punto de partida para erradicar, al menos, los fundamentalismos.

10:23 a. m.  
Blogger Juan Carlos Bujanda Benitez said...

Sin embargo el aceptar esa vertiente del ceracionismo que "creo la vida por medio de la evolucion", echaria por tierra toda la estructura del dogma religioso (Cristo, la resureccion, Adan y Eva, etcetera).

Cosa que no estaria nada mal y ante lo cual la ciencia no tendria nada que decir; lo que sucedio antes del "bing bang" no es asunto de la ciencia por el momento, asi que los nuevos creacionistas igual pueden decir que fue Dios o Super Raton.

4:46 p. m.  
Blogger Alulim said...

Lo más curioso de una situacion así sería que millones de personas seguirían creyendo en algo que se contradice consigo mismo...

La lógica dice que una creencia así se sostendría durante muy poco tiempo, pero tratándose del ser humano y de los intereses en la sombra que se han creado...

Aún sigue habiendo gente capaz de comprar un bimbo tostado con la cara de cristo. La verdad es que una situación así como la que hablamos, en la que se aceptara la evolución pero se siguiesen los pasos de la fe, sería supongo aún más esperpéntica de lo que podamos imaginar.

6:00 p. m.  
Blogger Mistheart said...

Buscando /googleando argumentos lógicos que esgrimir contra el concepto de creacionismo me he encontrado con tu ensayo. Increiblemente bien estructurado y presentado, me ha recordado a un capítulo el libro de Carl Sagan 'El mundo y sus demonios' en el que habla con el Dalai Lama sobre que la reencarnación puede quedar desecha frente a la ciencia, a lo que el monje responde 'Bueno, puede ser. Pero estoy seguro de que a la ciencia le va a costar mucho (risa) probar la inexistencia de la reencrnación'.

La mayoría de los creacionistas (al menos, los que yo conozco y simpatizan con esas ideas) se obcecan en las ideas propias sin permitir que las abrumadoras pruebas 'facilmente' demostrables les convenzan.

'Nunca intentes enseñar a cantar a un cerdo. Perderás tu tiempo y molestarás al cerdo'

Te seguiré leyendo Alulium.

PostScriptum: a fecha de hoy en microsiervos.com me visto un video de un predicador de 11 años. Terrorifico. (BTW el hombre no desciende del mono, lo que sucede es que ambas especies animales comparten un antepasado común. Lo dicho, entienden lo que quieren)

10:11 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

quieren ganar dinero por solo meterse en una pagina como facebook y myspace? invitas amigos y tambien te pagan por lo que ellos hagan, en serio, no cuesta nada intentarlo, adelante


http://www.yuwie.com/maurolomba/

7:28 p. m.  
Anonymous Mónica R said...

Dejemos de dar vueltas y de seguir sosteniendo una teoria que los cientificos saben en el fondo y que no lo quieren aceptar que no existe.
Hay por lo menos cinco problemas graves con la Teoría de la Evolución (TE). Estos son:

1. No hay evidencias o datos que respalden la hipótesis de que el caldo pre-biótico existió.

2. No existen fósiles transitivos de plantas o animales.

3. Los fósiles nos dicen que la vida apareció repentinamente, en formas muy complejas, y sin ancestros.

4. No se ha comprobado que lo inerte pueda transformarse en algo viviente espontáneamente o naturalmente.

5. No existen mecanismos válidos para los supuestos procesos evolucionarios.

¿Por qué no maduramos todos un poco y aceptamos que hay un Dios creador del cielo y de la tierra? ¿es tan dificil? creo que no. Es algo tonto pensar que desendemos del mono, no se hicieron la pregunta de que ¿porqué si desendemos del mono aun existe este animal? ¿no se deberia haber extinguido? ¿o que los más inteligentes evolucionaron por así decir y los otros tontos no?
Quieren saber como se creó la tierra y todos lo que hay en ella y fuera de ella? lean Genesis capitulo 1.
Bueno Dios les bendiga a todos... y les deseo de todo corazón que puedan abrir sus ojos con respecto a este tema...

1:31 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Antes de tratar de inmaduros a las personas creyentes en las teorias evolutivas, primero lee las contradicciones de la biblia, el libro del "creador".

5:00 a. m.  
Blogger aramides said...

Monica R, no hay ninguna forma en que la ciencia y la religión tengan que discutir al respecto... la religión se ocupa de la moral, y la ciencia no se mete con eso... nunca lo intentó. Por qué no se dedican a la religión los religiosos entonces?

Ah, y documéntate mejor acerca de la teoria de la evolución... googlea términos como vicarianza y especiación. El mundo está lleno de evidencias, mientras tus teorias creacionistas son muy débiles.

Y recuerda, no eres un ser especial.

Santa

6:39 p. m.  

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